|
Su larga pasión por la pintura desde las series de los barcos, las piedras, las hojas o las maderas ha cambiado en esta obra última. En tal sentido se puede entender la investigación sobre las vetas de la madera que pasan a ser elementos de unas composiciones donde unifica el fondo y la figura. Otra notable particularidad es para Jonathan Allen "la restricción de la paleta, que siendo rica es atenuada" pues "la pintura es aplicada sin empastar sobre el soporte que, al ser absorbente, la aligera". Paco Presa ha sido siempre un pintor que propugna el valor de lo objetivo como medio de representación pero, en esta ocasión, son cuerpos reales "hiperdimensionados". Sin embargo, el aprovechamiento que hace de la madera sitúa estos retratos en una sugestiva fusión con la abstracción. Así encontramos lo real figurativo junto con el valor de la estructura de la materia, la geometría de las caras y los elegantes pañuelos con la orgánica de la madera, el color pero sobre todo la luz, la africana del continente que es inseparable de la sombra. Pero no sólo ha cambiado su pintura, sino también cómo miramos esas caras "de unas mujeres y unos hombres que, siendo tan cercanos, resultan tan desconocidos" (Ángeles Alemán). Aquí Paco Presa nos acerca a un fragmento del área cultural senegalesa que para él "es la de un presente continuado donde no hay futuro". Le interesa la realidad de cada una de las personas retratadas y por eso se centra en la potencia de sus miradas y en los detalles de las telas con las que cubren sus cabezas. Ese continuo presente al que alude el pintor se envuelve en una estructura de emociones y sentimientos individuales que responden a la homogeneidad del mundo globalizado con los valores de lo humano.
|